9 de enero de 2012

Guía para explorar y ampliar nuestra MUSICALIDAD

Quien tenga inclinaciones musicales, ya sea como melómano, como músico o como aficionado a tal arte, habrá experimentado alguna vez la necesidad de adentrarse en nuevos estilos y músicas, que hasta ese momento le resulten ajenas, exóticas o desconocidas y a las que supone cierta dificultad adentrarse. Esto normalmente se debe a la falta de referencias que nos ayuden a relacionar esa nueva música con algo que ya hayamos escuchado previamente. Nunca se debe concluir que sentimos dificultad por una falta de capacidad para "entender" o percibir dicha música, pues sería falso a la vez que erróneo.

La música no es más que un lenguaje, al igual que la lengua materna o cualquier otro idioma que desconozcamos. Es importante tener este concepto en mente, especialmente si queremos adentrarnos en músicas que nos resultan "diferentes" o difíciles de comprender.


Voluntad, curiosidad y deseo

Para adentrarnos en ellas, precisamos en primer lugar la voluntad de querer aprender a escuchar algo nuevo. Y más que voluntad, curiosidad y algún deseo. Una mente adulta difícilmente asimilará un nuevo lenguaje si no parte de esta premisa. Los prejuicios y preconceptos, pero especialmente, la desidia, constituyen los mayores enemigos del aprendizaje durante la edad adulta.

Un error muy común es querer empezar la casa por el tejado, es decir, querer aprender a analizar antes de asimilar. En los colegios y escuelas pasa constantemente en enseñanzas de segundos idiomas, nos quieren explicar primero por qué el adjetivo precede o no al sustantivo, o por qué el pronombre va aquí o allá, o cómo se forma una perífrasis verbal; nos enseñan a analizar ese segundo idioma, antes incluso de que podamos hablarlo mínimamente. ¿No sería más lógico hacerlo al revés, tal y como hemos hecho con nuestra lengua materna? ¿Alguien se imagina enseñando a hablar a un bebé explicándole qué es un pronombre neutro o qué es un sintagma nominal? Es igual de absurdo querer adentrarnos en la música intentando analizar y comprender de golpe toda la información que está llegando a nuestros oídos.

Debemos librarnos de todo prejuicio antes de ponernos a escuchar música, especialmente si se trata de músicas desconocidas. Suena fácil, pero ciertamente no lo es. No es fácil ser niño o ser bebé cuando se es adulto, es difícil ser un papel en blanco, olvidar nuestros esquemas, nuestras ideas preconcebidas o adquiridas, pero ese debe ser nuestro estado "natural" a la hora de querer aprender un nuevo lenguaje, en este caso una nueva música. Ser como un niño o niña, que absorbe como una esponja un nuevo idioma, gracias a esa ingenuidad y a su falta de prejuicios, pero también gracias al escaso sentido del ridículo ante el sonido o la musicalidad. Esto no es un reto, es una necesidad que también puede verse como un placer: entender lo que escuchamos, ya sea inglés, español, jazz, o qawwali...  el placer de escuchar música o un relato, frases musicales o frases literarias, notas musicales o palabras.

Voluntad, deseo y lo que podríamos llamar "actitud de papel en blanco". Si hemos logrado estas sensaciones ya estamos preparados para empezar. 


Dejar a la música el protagonismo

A partir de aquí, nos será más fácil dejar que sean los intérpretes que escuchamos quienes dirijan nuestra mente a través de su discurso musical. Tenemos que tomar una actitud pasiva ante la música, dejar que sea la música quien tome un rol dominante, nosotros no debemos pensar en nada, ni tan siquiera en nuestra necesidad de disfrutar y entender. Éste, tal vez, sea el punto más importante a tener en cuenta. Somos un receptor vacío, que se tiene que llenar del mensaje e información que el emisor nos comunica. Nosotros somos la parte pasiva y la música debe ser la parte activa. Cuando alguien nos habla, nunca vamos analizando palabra por palabra lo que se nos dice, casi instintivamente, a través de nuestro conocimiento lingüístico, comprendemos aquello de lo que se nos habla, de ahí que muchas veces, en una conversación acalorada, la comunicación se vea dificultada por la tendencia a estar pensando qué es lo siguiente que vamos a decir antes de que, ni siquiera, la otra persona haya terminado de hablar. Así que, cuando escuchamos música nueva por primera vez, no debemos pensar en la "forma" o contenido de aquello que escuchamos. Eso ya vendrá más adelante. Tampoco debemos pensar en cosas que distraigan a nuestro sentido auditivo.


Acercarse y repetir la experiencia

Obviamente, si nos encontramos ante un nuevo lenguaje o palabras desconocidas, difícilmente podremos disfrutar del discurso a la primera y aquí es donde entra en juego la práctica. Un bebé no aprende a decir "mamá" a la primera, y mucho menos aprende a asimilar el concepto de "mamá" a la primera. Tras un primer acercamiento, debemos escoger alguna pieza que nos haya llamado la atención por algún motivo, y escucharla ocasionalmente en diferentes ámbitos y situaciones, sin abusar de la repetición, esto es, no escucharla más de dos o tres veces consecutivas y nunca escucharla una y otra vez sin cesar en un espacio reducido de tiempo. Esto puede ayudar en algún caso, pero también se corre el riesgo de acabar aborreciendo dicha pieza o, peor aún, de caer en la frustración. En cualquier caso, siempre debemos recurrir a piezas que por alguna razón nos causen cierto agrado, si una canción nos resulta desagradable de entrada, no debemos forzarnos para disfrutarla, será misión imposible. Tal vez más adelante, con el tiempo y nuestro enriquecimiento, seamos capaces de escuchar dicha pieza sin que nos resulte desagradable y, sólo entonces, estaremos capacitados para empezar a disfrutarla.

Escuchar un nuevo lenguaje requiere cierta frescura, esa frescura sólo se puede preservar dando algo de tiempo entre una audición y otra. Una ventaja de la mente adulta, que debemos aprovechar, es la mayor capacidad de asimilación porque no será necesario que nos repitan 100 veces una palabra para que empecemos a entenderla o a recordarla, así que con nuestra pieza escogida pasará igual: en poco tiempo empezaremos a reconocer alguna melodía de dicha pieza, o alguna parte rítmica. Ahí será cuando empecemos a disfrutar de una parte, y poco a poco de otra y otra, hasta que finalmente podamos escuchar dicha canción de principio a fin.


Nuestra capacidad de asimilación aumenta
El tiempo empleado para disfrutar de una canción, se verá reducido según vayamos reconociendo y asimilando más y más canciones, por lo que no tendremos que dedicar tanto tiempo para hacernos con cada una de ellas. Por eso, nos resulta tan fácil reconocer e incluso memorizar determinados tipos de música más comerciales, tradicionales o pensadas para la radiofórmula porque  llevamos tanto tiempo interiorizando estos tipos de música, que ya casi se nos pegan a la primera.


Explorar por estilos y corrientes

Si llevamos tiempo escuchando música, probablemente ya tengamos dos o tres estilos o corrientes musicales de nuestra preferencia. Un modo de seguir abarcando estilos es averiguar la corriente de la que procede cada uno de ellos, o bien averiguar corrientes que hayan surgido inspiradas en cada uno de dichos estilos. De este modo, tendremos un modo gradual para ir avanzando por corrientes que, sin duda, guardarán una gran relación sonora entre sí, en lugar de dar saltos vertiginosos a corrientes que nos van a sonar totalmente ajenas. Esto no es una norma, al final debe ser nuestro apetito musical quien decida, pero siempre puede ser de ayuda si no sabemos por dónde empezar.

A veces, si tampoco tenemos muy claro por dónde empezar ni qué artista debemos escoger, puede ayudarnos buscar a alguno que haya abarcado diferentes estilos y corrientes en diferentes etapas de su carrera. Si encontramos un punto de dicha carrera en el que nos sintamos cómodos, nos será suficiente con asimilarlo y luego, paso a paso, ir avanzando o retrocediendo cronológicamente a lo largo de su carrera para ir aprendiendo, junto a éste, nuevos matices que nos irán enriqueciendo en nuestro aprendizaje.


Los tiempos están cambiando

Hasta hace unos años, el único modo que teníamos para explorar música era recurriendo a revistas especializadas, programas de radio, tal vez en algún espacio televisivo dedicado a la música, estar siempre en casa del vecino o de aquel familiar melómano o arriesgando y comprando algún álbum a ciegas en una tienda de discos. Era lo que había y no estaba mal del todo, pero resultaba un método un tanto limitado pues no dependíamos al cien por cien de nuestro propio criterio y curiosidad.
Hoy en día lo tenemos mucho más fácil, tenemos una gran herramienta como lo es internet, un lujo que décadas atrás hubiera hecho las delicias de cualquier músico o aficionado a la música. Debemos usar y, por qué no, abusar de internet y de algunas fabulosas guías como allmusic.com para explorar músicas y artistas. En guías como ésta, podemos encontrar directorios casi infinitos de artistas, clasificados por géneros, por “artistas relacionados”, por influencias de cada artista, recomendaciones, breves biografías que siempre pueden ayudarnos a comprender mejor al artista y en consecuencia a su obra… en definitiva una herramienta ideal para explorar, descubrir y conocer. Complementando el uso de la guía con otras herramientas tipo YouTube, Spotify, last.fm, etc. Tendremos un mundo de música a nuestro inmediato alcance, un lujo que no debemos desaprovechar.


Nueve pasos para abrirse a nuevas músicas

  1. Voluntad y deseo: Si nuestra curiosidad no es lo suficientemente grande como para desear aprender a disfrutar la música, entonces no hay nada que hacer.
  2. Actitud de "papel en blanco" o de niño: Primero debemos asimilar y absorber, no se puede analizar sin haber asimilado antes. Afrontar la música sin prejuicios ni ideas preconcebidas, debemos dejar a un lado nuestros esquemas.
  3. Actitud pasiva: Nunca intentar imponer nuestro conocimiento, basándonos en la premisa anterior, debemos saber que un papel en blanco no contiene nada escrito, en nuestro caso será el artista quien tome el rol activo y a través de su música vaya escribiendo dicho papel en blanco con su música.
  4. Empezar siempre por piezas que por algún motivo hayan llamado nuestra atención.
  5. Escuchar dicha pieza en diferentes ámbitos y situaciones: en la mañana, en la tarde, la noche, en la ciudad, el campo, en estado de alegría, melancolía, etc. (no hay música mala, sino música escuchada en el momento y lugar equivocados)
  6. Perseverancia: Ser conscientes de que difícilmente vamos a asimilar lo que escuchamos a la primera.
  7. Nunca obligarnos a que algo nos guste. Tiempo al tiempo. Es importante no olvidar que la música debe ser un disfrute, no una obligación.
  8. Artistas guía: Si encontramos algún artista que nos llame especialmente la atención y que, entre otras, tenga alguna etapa en la que explore el género que queremos aprender, podemos utilizarlo como guía, empezando en un punto de su carrera que nos resulte más fácil asimilar y siguiendo cronológicamente (hacia adelante o hacia atrás) hasta llegar al punto que nos interesa aprender.
  9. Internet, el mejor aliado del explorador. Recurrir a guías tipo allmusic.com para explorar puede ser de gran ayuda. Tener una gran biblioteca a golpe de ratón es un lujo que no debemos desperdiciar.

No debemos olvidar que la buena música no se suele disfrutar a la primera, ya sea de un género que nos resulta más fácil entender como de uno que nos resulta totalmente ajeno. Es como la comida, de niños, la mayoría de nosotros sólo éramos capaces de asimilar y disfrutar de ciertos sabores básicos y poco a poco, según íbamos estimulando nuestro sentido gustativo, fuimos aprendiendo a disfrutar de determinados sabores más complejos. Con la música pasa lo mismo, así que nunca se debe desistir: la compota está muy buena, y el jamón york también, pero es una lástima no aprender a disfrutar de un vaso de vino o un steak tartare.
por @lele_melo 

Gracias a Rafael Rubio (@RafaelRubioGC) por la colaboración y edición.